jueves, octubre 15, 2009

Escapadas por el barrio húmedo


Estando de vacaciones en el oeste de del país, decidí que era hora de divertirme a solas, divertirme como en los viejos tiempos.
Quería visitar el barrio húmedo, lleno de callejuelas adoquinadas, farolas viejas, antros, y gente de todo tipo.
Así que me puse mis tacones preferidos, unos peep toe, pinté mis labios color rojo sangre, posé sobre mi un ínfimo vestido, y por último unas gotas de The One. La noche era para mi y mi imaginación. La brisa marina me condujo hasta un bar donde se encontraba mi primera victima. Entré curiosa y me senté, mire a mi alrededor y solo habían parejas digamos maduras para mi edad. Pedí un Jack Daniel’s y seguí observando detalladamente el ambiente.

Al final de la barra, se encontraba de pie un hombre de unos 30 años, moreno, con mirada de fuego, pero expresión de hielo. Esbozé una sonrisa y vino hacía mi con paso lento.

-Hola, ¿estas sola?
-De momento si…
-Puedo invitarla a una copa, señorita…
-Amelia, me llamo Amelia.
-Encantado, yo soy Victor.

Aquel hombre era perfecto para mi antojo, y mi hambre. Después de una charla interesante y de examinarlo detenidamente di el último sorbo a mi copa y me puse en pie, me fijé, el se quedó mirando como mi vestido se deslizaba desde mi entrepierna desnuda hasta mi rodilla.
Le miré una vez mas a los ojos y me marché al fondo del bar, donde se encontraban los baños, el pasillo era oscuro, las luces tenues y solo brillaba mi vestido negro.
A través de un espejo vi acercarse una sombra, era él.

Entré sigilosamente al servicio, y él, detrás de mi.

-¿No sabes que el baño de hombres esta a menos de un metro?
-Bueno…(titubeó), pensaba que…
-Jajajaja si eres de los que me gustan (dije entre carcajadas). Ven aquí anda, Victor, es asi como te llamabas no? Dime Victor, ¿no te apetecería saciar mi hambre esta noche?-Solo bastó una mirada para que empezara a acariciarme lentamente. No estaba mal del todo.

Pero yo no quería eso. Me senté en la cisterna del váter, le agarre del pelo y le dije suavemente al oído:

-Hoy solo tendrás el placer de comerme el coño Víctor querido…así que empieza

Se le veía encantado en mi entrepierna, y yo disfrutaba como lo haría una niña con un juguete nuevo. Le agarraba el pelo con más fuerza cada vez, con mi pie pude comprobar que su pantalón estaba a punto de explotar, aquí empezaba el juego.

Le hice parar justo antes de correrme, el animado empezó a desabrocharse el pantalón.

-¿Que haces?
-Me quito los pantalones, ¿no quieres…?
-No, no quiero. Escucha Victor, mmm, digamos que tengo ciertas tendencias con los hombres, que no puedo esconder así que vas a hacer lo que yo diga entendido? Esta noche mando yo.
-Así que te gusta jugar duro no?
-No te imaginas cuanto, jeje


Acto seguido lo empujé con mi pie hacia la pared, le comprimía el pecho con el tacón, retorcía sus pezones, y alguna patadita en la cara le cayó, su cara denotaba excitación y ganas de poseerme, pero yo tenia mi plan.

Aún sentada en el wc abrí mis piernas y empecé a tocarme suavemente, me gustaba esa sensación, Victor deshaciéndose en la pared, mientras yo me deleitaba con su cuerpo perfecto y mis manos hacían lo que mejor sabían, darme placer infinito. A medida que aunmentaba el ritmo mi tacón se iba hundiendo más y más en su pecho:

-Me dejarás al menos pajearme no?- Balbuceó.
-Jajaja no, por supuesto que no, tú solo estas aquí para mirar como yo me retuerzo de placer follándome a mi misma. Así que no te quejes más, no te toques, no me toques y disfruta…

La cara de Victor era un cuadro, el pobre sudaba y me miraba con ojos desorbitados y alguna que otra vez hacía el intento de despegarse de mi zapato y la pared, pero entonces yo lo clavaba más aún y le daba con el otro pie en la cara, sus pequeños quejidos me excitaban mucho más, cuando note que estaba a punto de correrme le ordené que se arrodillara, así lo hizo y así llegue yo al orgasmo.

-Ahora Victor querido deberás limpiar mi coño con tu lengua- Le dije mientras lo cogía del pelo y le acariciaba la cara. Accedió sin rechistar y mas contento que unas castañuelas me dejo limpia y sin rastro de nada, la verdad era bueno, muy bueno consiguió que me volviera a excitar como una perra pero justo notarlo lo paré.

-Bueno, ahora yo saldré de aquí y tú te quedaras masturbándote ¿vale?
-Menos mal, estoy a punto de reventar

Al decir esto no pude evitar meter mi mano en sus calzoncillos y pegarle un estironcito. Ahogó un grito y yo me marché. El barrio húmedo esperaba paciente a otra de mis aventuras….

Y mi privado me esperaba en la puerta de casa arrodillado.




No hay comentarios:

Publicar un comentario